Ensayo

Una noche gay en Shanghái: donde se sube al mar

一个上海的同志夜晚: 潮起之地

Noche atípica de 2018. Decidí cruzar media Shanghái para visitar el famoso “barrio gay” de la ciudad. Estaba escribiendo en la barra de un bar popular y pequeño, en el fondo proyectaban “Crazy in Love” de Beyoncé y varias obras maestras de Britney Spears, cuando se me acercó un entrenador de gimnasio (llamémosle Yimou). Parecía estar llegando del trabajo.

Yimou le habló al bartender como a un hermano, pidió “lo de siempre”, se me quedó viendo y me preguntó por qué hacía la tarea en medio de un bar, en viernes.

— Tengo que estudiar algo de la ciudad para una clase y elegí los espacios de convivencia para la comunidad gay —dije.

—Yo te doy el tour — me respondió.

Esa noche recorrí más de media docena de lugares y observé diversas formas de socialización comunitaria, a pie de calle, escondidas o arrinconadas (ajá, ese tipo de “arrinconadas”).

I.

Ésta es una ventana a la vida LGBT en la República Popular China (RPC).

Aquí, crecer en una ciudad costera implica gozar del desarrollo económico de la región y tener contacto con ideas liberales de fuera. Dentro de ese espacio “privilegiado”, Shanghái es un lugar especialmente propicio para que la comunidad LGBT florezca: debido a su historia particular de colonialismo y ubicación estratégica, Shanghái ha sido, durante más de un siglo, una puerta de China continental al extranjero.

La ciudad se localiza donde el río Yangtsé —el más largo de China y el segundo más largo del mundo— se encuentra con el Mar de China del Este. Shanghái (上海) literalmente se traduce como “encima del mar”; aunque, por la etimología 上 (shàng), en mi cabeza la pienso, románticamente, como “donde se monta el mar” o “donde se sube al mar”.

A inicios del siglo xx, diversas ideologías se colaron a través de esta ciudad costera, entre ellas la que dio pie a la formación del Partido Comunista de China dentro de la ex concesión francesa de la ciudad (entre 1920 y 1921), donde hoy se encuentran los distritos de Huangpu (黄埔) y Xuhui (徐汇).

Como otras ciudades amigables con la comunidad LGBT, Shanghái tiene su propio “distrito gay” en la concesión francesa, cerca de los sitios donde se reunían los primeros grupos de trabajo del Partido Comunista, hace ya cien años.[1] La zona se caracteriza por ingresos elevados, la abundancia de bares, cafés y restaurantes “hípsters”. También hay sitios de encuentro LGBT en puntos menos ricos de la ciudad, pero la legación francesa se ha impuesto como el referente principal.

II.

En la comunidad LGBT china que es más fácil conocer cuando uno es extranjero, la que se proyecta hacia fuera del país, predominan los hombres blancos y cisgénero de ingreso alto. El modelo se reproduce en otras partes del país; es el caso del famoso bar Destination en Beijing, ubicado en Sanlitun (三里屯), un barrio cosmopolita, rico y aspiracional donde se concentra una parte importante de las representaciones diplomáticas extranjeras desde la segunda mitad del siglo pasado, y que se ubica dentro de la nueva zona de embajadas de la ciudad (北京使馆区).

Además de esa noche con Yimou, recorrí la concesión francesa de Shanghái durante un par de semanas; visité Lucca 390, Happiness 42, Rice, Lollipop, Asia Blue, Eddy’s, Replay, y otros lugares cuyos nombres se borraron entre la pronunciación en chino y la memoria difusa de las altas horas de la noche. Me quedé con ganas de conocer las periferias del cosmopolitismo, más lugares con nombres chinos y menos en inglés, pero eso requería redes de contactos diversas, es decir, más tiempo.

Los establecimientos que visité tenían una estética sobria, unos eran más minimalistas que otros. La personas eran de edades diversas, y lugares como Lucca ofrecían distintos ambientes dentro de un sólo establecimiento; sin embargo, en algún punto de la noche se mezclaba la demografía de cada ambiente y había comunicación intergeneracional.

Las formas de interacción me intrigaron. El baile era escaso; eran las conversaciones, con personas de pie o sentadas, las que predominaban. La gente se entretenía con videojuegos o juegos de mesa. Elementos así hacían que los bares fueran espacios poco eróticos, aunque el cubilete, en particular, se utilizaba para que el alcohol diluyera el pudor. Los espacios sexualizados se reservaban a entornos menos regulares: las salas de karaoke, los rincones, y, por supuesto, el cruising.

Tal vez lo que más llamó mi atención esa noche fue la variedad de opciones que tiene la comunidad para socializar en lugares donde las conversaciones son audibles, no domina la pista de baile y conviven personas de muchas nacionalidades y edades; aunque a todas las unía el filtro del ingreso medio-alto.

Saber que esos espacios se abarrotaban, y que creaban lazos entre desconocidos, me llenó de ilusión y me sorprendió.

III.

A pesar de que no eran la población mayoritaria de la noche, los extranjeros se veían más que en otros lados.

El modelo de cosmopolitismo shanghainés es el más exitoso de China continental, lo cual se ha vinculado a la autoconcepción de la ciudad y su gente como uno de los nodos interculturales del mundo. Al dejar de lado los muchos beneficios que esa imagen ha traído, el cosmopolitismo es una dimensión más de la desigualdad: aunque Shanghái es una ciudad inmensa, no es para nada representativa de las medias nacionales.

Por ejemplo, a diferencia de México, donde el área metropolitana más progresista, la Ciudad de México, representa aproximadamente un sexto de la población total del país, Shanghái, con sus 20 millones de habitantes, concentra poco menos de 2% de la población total de la República Popular China.

La exclusión se refleja también hacia adentro. En China continental y en el mundo, Shanghái es un epítome de la metrópoli global, aunque no todos sus habitantes se relacionan con el núcleo cosmopolita. Para acceder al espacio de la élite global, es necesario tener capital económico y cultural. Esta lógica de exclusión se replica en la comunidad LGBT.[2]

Aparte del ingreso, hay otro factor que convierte a Shanghái en un espacio de difícil acceso. En China continental persiste el sistema hukou de residencia, el cual limita los servicios públicos que se pueden disfrutar si se sale del territorio donde se nació. Esto afecta, por ejemplo, a las personas que nacieron y crecieron en una comunidad rural de Hunan, pero decidieron trabajar en Beijing.

El sistema hukou de residencia no inhibe la migración irregular interna, pero sí limita la calidad de vida a la que se puede aspirar cuando se migra. La política, que tiene algunas justificaciones debatibles en términos de control poblacional, coloca en desventaja a las minorías que desean establecerse en espacios más progresistas.

IV.

La rápida multiplicación de usuarios de internet[3] chinos ha permitido crear una socialización segura más allá del espacio físico.

Quizá el caso más importante para los hombres homosexuales es Blued.[4] Esta app de origen chino podría, a simple vista, igualarse con Grindr, que también está disponible en China continental; no obstante, Blued tiene una serie de funciones que la vuelven más integral y acogedora, como los grupos de conversación, los “muros” o timelines para compartir experiencias y que se asemejan a características de las redes sociales Instagram, Facebook y Twitter. La función de la app también es particular. Blued, a diferencia de sus alternativas, no se utiliza tanto para entablar relaciones sexuales.

Aunque no encontré la misma variedad de espacios físicos y visibles que en Shanghái, cuando visité otras partes de China descubrí el uso diverso de Blued, al que recurrían tanto estudiantes universitarios (que buscaban sostener conversaciones en inglés), cuanto obreros que sólo hablaban mandarín.

V.

China continental alberga diversos caminos para vivir en diversidad y anteponerse al prejuicio, los cuales se bifurcan y entremezclan a diario. Estos caminos no son nuevos, ni de origen extranjero.

Las personas de la RPC han experimentado cambios muy radicales durante las últimas décadas y, aunque la transformación social no siempre sigue el ritmo de la económica, mucho está por verse todavía, sobre todo más allá de donde uno se sube al mar.

Río Yangtsé, Wuhan, China, 2018

Arturo Palacios (Aguascalientes, 1996) es internacionalista por El Colegio de México. Desayuna, come y cena China.

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[1] Curiosamente, el término más común para referirse a personas gay es tongzhi (同志), que se traduce como “camarada” y refuerza un sentido comunitario.

[2] Bao, Hongwei, “Queering/Querying Cosmopolitanism: Queer Spaces in Shanghai”, Journal of Current Cultural Research, 2012, vol. 4, pp. 97-120.

[3] Entre 2007 y 2017, el porcentaje de la población de la RPC que usaba internet pasó de 16% a más de 54%, según cifras del Banco Mundial. (https://data.worldbank.org/indicator/IT.NET.USER.ZS?locations=CN).

[4] Yi-Ling Liu, “How a Dating App Helped a Generation of Chinese Come Out of the Closet”, The New York Times, publicado el 5 de marzo de 2020, en https://www.nytimes.com/2020/03/05/magazine/blued-china-gay-dating-app.html, consultado el 7 de marzo de 2020.