Narrativa

Carta a un ensayo escrito a las tres de la mañana

Estimado ensayo:

Antes que nada, quiero disculparme contigo, porque sé que no te hice justicia. No creas que no me interesas. Me interesa el cambio de paradigma en el derecho administrativo mexicano a nivel municipal tanto como a cualquiera. No eres tú, soy yo. Sólo sucede que tomé tanto café que no me reconocí en el fondo tembloroso de la sexta taza y, por lo tanto, gasté mis energías en ordenar todos mis libros por colores, para concluir que ni de lejos soy el tipo de persona que pondría sus libros por colores y regresarlos a orden alfabético.

Sé que estás plagado de falacias argumentativas, lugares comunes, párrafos de una sola oración y puntuación tan extraña que hubiera perturbado un poco a Saramago. Veo que tus márgenes son un poco más grandes que lo usual, y que eres mucha paja y pocos alfileres, pero, por favor, tenme paciencia. ¿No ves que intento sobrevivir?

Y me queda claro que pude haberte empezado hace dos o tres meses y de eso nace mi apología, pero los ocupé para descansar del estrés inducido por no haberme preparado con antelación para las demás entregas. Pero no te sientas mal, ensayo. Tienes el mundo por delante y sólo soy un pequeño tropiezo en tu camino. Estás condenado a no ser un árbol, es cierto, pero quizás en otra vida envuelvas carne, te hagan un avioncito o un panfleto para promocionar fletes y mudanzas. De una u otra forma, tendrás un destino más digno que ser mi tinta escurrida.

Y no es tu culpa que tenga problemas de compromiso. Tuve una mala experiencia con mi primer ensayo, y tú sabes que después de eso puede ser difícil volver a confiar. Por ello, en lugar de escribirte, vi un video de cuarenta minutos sobre la historia de la cuchara, otro de un japonés que hace cuchillos de tofu y la final del mundial de Tetris: ganó un tal Joseph Saelee, joven de 17 años que decidió seguir sus sueños. Él sí se ve feliz. Te evadí no porque no me intereses, sino para no abrirme a la posibilidad de que nos lastimáramos.

Quiero que sepas que me siento terrible por haberte entregado así, además de que ahora mi ocio está acechado por la culpa. El asunto es que me han repetido hasta la náusea que debería trabajar duro toda mi juventud para que, cuando tenga edad de retiro, pueda empezar a vivir, ¿pero qué calidad de vida es esa?

Besitos, 

Armando